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Por Mtra. Mariana Martinez Nacif

Muchos de los conflictos entre nosotros y los demás acontecen por la falta de límites adecuados.  En muchas ocasiones cuando se trata de nuestros hijos tenemos ideas claras en puntos adecuados o relevantes para su educación.

En ocasiones a los límites con otros adultos o en situaciones complejas pueden surgir dudas en la forma de realizarlo. La consecuencia de no poner un límite es que no nos protegemos y  nuestros hijos copian estas acciones.

Si encuentras que te sientes agobiado por las presiones que recibes de otras personas, por las exigencia de los demás o  porque no te tratan como tú sientes que mereces, puede que sea el momento de “pintar la raya”, para poner límites. Lo más importante para poner límites es ser asertivo.

Por lo tanto para poner límites:

No se debe de alzar la voz, gritar u ofender, simplemente es decir lo que queremos de una manera fácil y natural.

En los límites es esencial que lo que decimos concuerde con nuestra manera de actuar. Si no somos capaces de sostener nuestras acciones, podemos desvalorizar nuestras palabras.

Hay que  manifestar cuando hay situaciones adversas o que no me gustan en una relación interpersonal. Sin la necesidad de esperar a que estalle “la bomba”.

Es importante que tu reconozcas las situaciones que estás dispuesto a aceptar y las que no. Así mismo es impórtate saber lo que queremos lograr, por ejemplo quiero menos gritos, menos peleas, no golpes entre los hermanos, etc…

Los limites laxos y no claros se disuelven con el tiempo, y al ceder constantemente de la raya entre las acciones que nos gustan y nos disgustan se puede confundir. Recuerda que los limites nos protegen.

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